Revisora: Ana Gómez-Bastero Fernández. Servicio de Neumología. Hospital Universitario Virgen Macarena. Sevilla
Referencia: J Allergy Clin Immunol. 2026;157(1):77-88.
Doi: 10.1016/j.jaci.2025.09.020.
Autores: Chang Q, Chen L, Zhu Y, Liu B, Zhou X, Liang H, et al.
Palabras clave: estilo de vida, metabolitos, asma de inicio tardío.
Resumen
El asma es una enfermedad en la que los factores ambientales tienen un papel importante en su historia natural, contribuyendo en su patogénesis como factores desencadenantes, así como agravantes de esta.
Investigaciones previas han identificado una asociación entre el riesgo de asma de inicio en la edad adulta y factores de estilo de vida poco saludables, incluyendo la dieta, el índice de masa corporal (IMC), la actividad física y el tabaquismo; centrándose en los mecanismos que vinculan los comportamientos individuales del estilo de vida con el desarrollo del asma. Por ejemplo, se ha implicado a la obesidad en el aumento de la colapsabilidad de las vías respiratorias periféricas y el parénquima pulmonar. Además de la obesidad, una dieta poco saludable promueve el desarrollo del asma al alterar las condiciones inmunológicas pulmonares y los metabolitos de la microbiota intestinal.
Este estudio tuvo como objetivo identificar los metabolitos relacionados con el estilo de vida y evaluar su valor predictivo para la aparición de asma; así como explorar los mecanismos subyacentes relacionados con el metabolismo que vinculan los hábitos de vida poco saludables con el asma de aparición tardía.
Se trata de un estudio de cohorte prospectivo utilizando datos de metabolómica por resonancia magnética nuclear (RMN) de 174.859 participantes sin asma basal de entre 40 y 69 años del Biobanco del Reino Unido (UKB), con un seguimiento medio de 14,4 años.
Se elaboró una puntuación de estilo de vida saludable a partir de la literatura existente, que incluía factores como el IMC, el tabaquismo, la actividad física y la dieta. Un IMC ideal se definió entre 18,5 y 24,9. El estado ideal de tabaquismo se definió como no haber fumado nunca. La actividad física ideal se definió como realizar al menos 75 minutos de actividad vigorosa, 150 minutos de actividad moderada o 150 minutos de actividad mixta (moderada y vigorosa) por semana. Una dieta ideal cumplía con tres o todos los siguientes criterios: más de tres porciones de fruta, más de tres porciones de verduras, más de dos porciones de pescado y menos de una porción de carne procesada por semana. Cada factor de estilo de vida ideal se puntuó con 1 punto, y la puntuación total (de cero a cuatro) representó la puntuación de estilo de vida saludable.
La incidencia de asma fue de 3,9%, y los pacientes con asma eran generalmente de mayor edad, frecuentemente mujeres, de etnia no blanca, con un estatus socioeconómico y un nivel educativo más bajos, y uso de medicación para el colesterol o la hipertensión en comparación con los sujetos de control (p < 0,001). Además, los pacientes con asma presentaban peores puntuaciones en cuanto a hábitos de vida saludables, especialmente en lo que respecta al IMC, el tabaquismo y la actividad física.
Se identificaron 159 metabolitos plasmáticos asociados con puntuaciones de estilo de vida saludable mediante regresión lineal múltiple. Y mediante la regresión de riesgos proporcionales de Cox se analizaron los metabolitos vinculados al riesgo de asma de aparición tardía. Posteriormente se desarrollaron modelos de predicción de asma, que se validaron en participantes internos no utilizados del Biobanco UKB y en una cohorte externa del Biobanco Kadoorie de China.
De los 159 metabolitos relacionados con el estilo de vida, 103 mostraron una correlación estadística con el riesgo de asma de aparición tardía. Entre estos, se seleccionaron 9 metabolitos críticos y se integraron en el modelo de predicción del riesgo de asma, lo que mejoró significativamente su capacidad predictiva (área bajo la curva: 0,812 frente a 0,758) (Tabla 1, Figura 1).
Tabla 1. Comparación del rendimiento diagnóstico de la evaluación del asma basada en diferentes modelos.


Figura 1: Curva ROC y análisis de la curva de decisión para los modelos para el diagnósticos de asma de inicio tardío.
Las personas con un perfil metabólico desfavorable presentaron un riesgo un 77,0 % mayor (cociente de riesgos instantáneos: 1,770; IC del 95 %: 1,634-1,918) de desarrollar asma en comparación con las personas con un perfil metabólico favorable. Este efecto fue más pronunciado en las mujeres (cociente de riesgos instantáneos: 1,914; IC del 95 %: 1,729-2,118) (Figura 2). Se sugiere que las diferencias en la regulación metabólica de los lípidos mediada por el estrógenos y las fluctuaciones hormonales (como la perimenopausia) pueden exacerbar la relación entre el desorden metabólico y el asma.

Figura 2: Asociación entre la puntuación metabólica y el riesgo de desarrollar asma.
(A) Curvas de Kaplan-Meier que muestran el riesgo de desarrollar asma según la firma metabólica. (B) Curvas de Kaplan-Meier para el riesgo de desarrollar asma en mujeres según la firma metabólica. (C) Curvas de Kaplan-Meier para el riesgo de desarrollar asma en hombres según la firma metabólica.
Comentario
Los resultados del estudio destacan que el estilo de vida poco saludable genera alteraciones metabólicas que pueden ser precursoras del asma de aparición tardía. Por lo que la determinación de los metabolitos plasmáticos puede servir como indicadores biológicos tempranos para identificar individuos en alto riesgo, haciendo hincapié en la estratificación del riesgo específica para las mujeres.
De manera que sería interesante la implementación de estrategias de prevención enfocadas en la corrección de perfiles metabólicos, especialmente mediante la gestión del IMC y la dieta.






